domingo, 23 de julio de 2017

LAS FLORES Y SUS ESPIGAS

                                                                                 Cuento

Un poeta vio a un hombre con prestancia acercarse a la estatua de Antoine de Saint- Exupéry en París,cerca del Sena.
Allí junto al pedestal marmóreo, depositó una corona de rosas púrpura. El poeta volvió a fijarse en el elegante caballero cuando abandonaba el lugar. Notó que el sujeto, después de caminar con dejadez y cierta lentitud, aceleró los pasos y al final corriendo, abordó un auto Peugeot negro que lo esperaba ya encendido.

La estatua de Antoine de Saint- Exupéry estaba envuelta de pie a cabeza, con tela firme, atada con cordeles especiales. Pues esa mañana sería develada.


Se esperaba la presencia de numerosa gente, entre turistas y lugareños , por el amor que en Francia se acoge la memoria del autor de la inolvidable obra del Principito.

La inteligencia electrónica mediante sus sensores, había captado el objeto depositado a los pies de la estatua. También el sistema de cámaras alrededor grabaron las imágenes, que fuera de la hora prevista para la asistencia del presidente se habían suscitado. En la película, aparecía la figura del hombre con su sombrero calado hacia su frente y el rostro siempre inclinado hacia el piso en forma esotérica, revelaba su actitud misteriosa para defender su identidad.

Al momento llegaron al lugar, agentes especializados y un perro policía que después de olfatear emitió sonoros y fuertes ladridos. Con las señales positivas, dos agentes con extraños artilugios ejecutaron un sutil y técnico movimiento y procedieron a llevarse la bonita y falaz corona de flores.

El poeta después de percatarse de los hechos ocurridos, reflexionando sobre la situación, siguió paseando hacia el puente de los candados, muy cerca de la Isle de la Cité.

Pensó que no tenía un amor por el cual atar y cerrar la armella y botar la llave en la corriente del Sena. Pero como había comprado el candado, completaría el rito. Dedicándole la admiración y el cariño al recuerdo de Antoine de Saint- Exupéry y su obra literaria.

El poeta tenía conocimiento del acto en que se erigiría la admirable estatua. Había preferido asistir a la develación  en vez de disfrutar la conferencia sobre Las flores del mal, de Charles Baudelaire, que se ofrecería esa mañana en el saloncito de conferencia del Louvre. Recordó un pasaje de Baudelaire :
                                       
                                             " Desde allí, puede verse la ciudad : un purgatorio, un infierno,
                                                burdel, hospital, prisión ".

Entonces el poeta reflexionó : Aquí, Carlos Baudelaire ensaya una mirada abarcadora y panorámica de la ciudad. Observada desde una montaña. Pero extrae un aspecto detrimental y horrible de la urbe.
No podemos implicarlo a él - Piensa el poeta - ni a su espíritu o estado anímico en la conformación de esa descripción. Su atención es una identificación de aquel cuerpo habitacional, asiento de vida y ostentación. Baudelaire es conocedor de antemano de lo que allí ocurre, de lo que aquel mundo inmantado por su edificaciones y actividades ofrece. Es la visión de la experiencia, cuyas espinas diseminadas le han hincado con agudos dolores.

El poeta colige que no es esa la primera imagen del poblado que ven sus ojos. No toca esa impresión primaria. la visión estética la oculta en su alma. Habla de lo que no ve, de lo que no contempla. Habla de una situación empírica, doliente de la cual existe en su interioridad, una previa evaluación , una taxativa ponderación".

El poeta se ha fijado en el orden en que Baudelaire ha colocado la cadena de sustantivos :
                                                   
                                                          " un purgatorio, un infierno, burdel, hospital, prisión "

Ello revela y denota - piensa el poeta - una actitud de impromptu producto de encono y rencor. El orden lógico es : prisión, burdel, hospital, purgatorio, infierno.

Entonces diremos que está sufriendo el cautiverio de la cárcel, por haber sido infectado en el burdel donde fue por placer y terminó en el hospital, efecto que lo  impele a la angustia del purgatorio y lo remite al infierno.

Primero llegaron los militares, después los diversos agentes vestidos de civil, con gabanes y corbatas. Ya habían llenados los espacios olas de franceses y turistas entusiastas. Una multitud se agitaba para presenciar la develación, escuchar la fanfarria y disfrutar por primera vez la melodía que Antoine de Saint - Exupéry le había compuesto a París desde el aire , cuando llegaba de llevar el correo piloteando el antiguo avión.

Llegó el Presidente de Francia en medio de la solemnidad. Se escuchó la fanfarria, la gente se precipitaba y se aglomeraban uno sobre otros. El Presidente develó la estatua, cayó sobre el piso la amontonada tela gris. Apareció la estatua magnífica, impresionante, con los rasgos propios del personaje histórico. El primer ejecutivo depositó en la base de la escultura, una corona dee rosas y lirios.

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Luego la orquesta comenzó sus acordes. Surgió de entre  aquellas notas la sublime melodía dedicada a París. Se expresaba en sus cadencias una rara combinación de exitante estética con una fuerte impresión espiritual : era belleza y sentimiento juntos. Parecía que París entraba en el alma con propiedades de pasado y futuro.

La mañana transcurrió esplendorosa. A veces la claridad del sol recordaba escenas mediterráneas. Pero aquel día se fue en brazos de la noche.

Las brumas  de la mañana de ese sábado, envolvía las arboledas y las aguas del Sena. El poeta caminaba rumbo al puente de los candados. Tuvo dificultad para localizar el candado que había fijado. Es porque una vez se cierran y se lanza las llaves al fondo del río, el candado pierde su   individualidad y se convierte en una impresión colectiva, en un cuerpo de acero que exhibe una fachada de peregrinos balaustres.

Miraba pensativo las embarcaciones que navegan entre calígine paseando a los turistas.
Un día de la semana, una joven estudiante, encontró una hermosa rosa púrpura y adherido a su tallo resaltaba una franja pequeña de cartulina que contenía, en bonita letra, un verso endecasílabo, manuscrito :
                                                " Triste corona púrpura, de muerte ".
Aquella joven se emocionó con la lectura. Tomó la flor con la espiga, como si fuera un obsequio para ella y continuó su paseo. Durante los días sucesivos, la gente descubría la rosa con su espiga y un verso endecasílabo manuscrito. Sólo aparecía un verso y una rosa por día. Gente distinta daba con ellos.
Una mañana la chica estudiante, de cabellos oscuros y piel ligeramente morena, como si fuera dorada de ocasión; como si viniera de una playa tropical, con sus grandes ojos aceitunados volvió a descubrir otra rosa púrpura con un verso endecasílabo aconsonantado. Si dejaban una rosa y un verso por día, el verso hallado posiblemente no rimara con el que ella guardaba. Pensó que si los versos pertenecían a un soneto era posible una combinación de : A B B A en la primera y segunda estrofa.
Entonces procedió a examinarlos.

El primer verso encontrado por ella, terminaba en la palabra - muerte - pero el que ahora poseía expiraba en el vocablo - ruiseñor - una alocución aguda :

                                   " Canta a la rosa roja un ruiseñor ".

Se ha de inferir, pensó, que habría un verso en mano de alguien, cuya palabra final era grave y sus letras serían - o, r - ( or ).

Al pasar los días Olga - que así se llamaba la joven estudiante, se enteró que alguien había desplegado, en el área del ancón, una fina lámina de metal y que allí , aparecía escrito un soneto.

Mucha gente , lo más probable , curiosos ,  amantes de la poesía y entre ellos , personas que poseían
versos de los dejados en las rosas con espigas , que se encontraban transcribiendo todo el soneto.

Olga ansiosa por la noticia , acudió al lugar y después de comprobar la primera estrofa que expresaba
los siguientes versos :

                                         " Triste corona púrpura , de muerte .
                                            Su mano ofrece delicada flor .
                                            Canta a la rosa roja un ruiseñor.
                                            En grave hora de amor , pasión y suerte ".

Olga emprendió a escribirlo en su cuaderno de apuntes. El hombro de una persona vestida de abrigo y  jeans la rozó de súbito. El hombre le pidió perdón . Ella le sonrió . Era un joven alto de aspecto árabe que se expresó en francés .  El hombre se fijó en los apuntes de la joven y se aventuró a decir :
- Y usted también se topó con versos ? - y con rosas . - Contestó ella .
- Estos son los míos - y le mostró los versos suyos .  Olga los miró y le manifestó : Veo que somos propietario de la primera estrofa .

- Estos versos han impactado mi alma y, ahora que he leído la totalidad del soneto me ha estremecido Confesó el hombre .
Opino que  se está operando un cambio en mi personalidad.
- Interesante - calificó la joven.
- Veo que a usted también le atrajeron .
- Sí . Soy de filosofía y letras en la Sorbona .
- Profesora ?  sintió
- No. Estudiante de doctorado .

Ya terminaban de transcribir la pieza literaria en sus respectivos cuadernos .
- No defrauda este poema .
- Es lo que yo esperaba , va ayudar a mi pensamiento - dijo el hombre y cerró su cuaderno .

El joven de aspecto árabe sintió un leve impulso para alcanzar la decisión de invitar a Olga a que le
                                           
 acompañara a tomarse un café . La joven aceptó un tanto emocionada .

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Pronto se encontraron en St. Michel , en el café de Flore .
conversaban saboreando sorbos del aromático líquido . - Yo soy de Arabia Saudí mi nombre es Raif Azhis - el árabe ocultaba su verdadero nombre , pero sus expresiones denotaban prudencia como si su pensamiento ya no estuviera sujeto a pasados principios .

- He ido comprendiendo un mundo sencillo , pero de tanta verdad . Estos versos me conmovieron como si anduviera entre sombras y la claridad del sol , en cierto lugar , me permitiera ver despejadamente y pudiera percatarme de las flores de un jardín que ante permanecía oculto .

El árabe interrogó a  la joven, que lo miraba con sentimiento de comprensión.
               - Y su nombre , cuál es ?
               - Olga Canderish . Soy de una isla del Caribe, llamada Puerto Rico . Nunca ha obtenido la independencia , pero ahí estamos . Mi madre, quien es propietaria de una farmacia , me envía una mesada y me sostiene . Ya termino este mes y tendré que regresar a mi país .

El árabe comentó : - En mi tierra no se permite que la mujer estudie, tampoco puede conducir un auto, está prohibido.
- Y usted, comparte ese criterio ? Preguntó Olga .
El árabe pensó unos segundos , luego contestó : Es lo que le he querido comunicar , que se está operando un cambio en mis principios. Hoy creo que el dolor se ha de sufrir hacia el bién , con derrotero frente a la construcción para conseguir gracia, vida y mundo.

La mañana había avanzado y las brumas evanescieron y despejaron el ambiente .
La claridad del día no era fulgurante, pero aún macerada, lucía cierto esplendor tenue , pero agradable. Ya el otoño estaba avanzado, se sentía frío y el sol no era cálido .

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Cierta mañana Olga estuvo paseando por la Place de la Concord. La gente se sumaba a l a alegría de caminar. Miraban a través de los cristales del abundante comercio , visitaban la catedral , tiraban monedas en las fuentes.
Olga tuvo una sorpresa agradable . Se topó con un pintor que la saludaba . Era el saudita.
                    -No sabía que fueras pintor.
                    -Vivo de la pintura . Dibujo a las personas y además vendo algunos de mis cuadros .
                    - Te voy a enseñar mi último .
Al momento le mostró a Olga una hermosa pintura
En un banco del parque reposaba una rosa púrpura , de tallo con hojas verde y sujeta a ellas, figuraba un verso de letra legible. El cuadro emocinó a Olga y sus ojos aceitunados destellaron alegría.
Cuando el árabe vio aquel signo de agrado le dijo:
                       - Te lo obsequio.
A Olga le dio un salto el corazón . - Exclamó - De veras ?
                       -Seguro es para ti - afirmó el árabe .
Olga le estampó un beso en la mejilla .

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Después de cumplir compromisos de estudios, Olga trató de ver al árabe y le llevaba
 un bonito encendedor en plata con su nombre - Raif grabado . Ya no volvió a verlo a pesar de sus esfuerzos .